John Pierpont Morgan (17 de abril de 1837 - 31 de marzo de
1913) fue un empresario, banquero y coleccionista de arte estadounidense que
dominó las finanzas corporativas y la consolidación industrial de su época.
Entre sus actividades destacan la fusión de Edison General
Electric y Thompson-Houston Electric Company para formar la General Electric
Company en 1891, la financiación para la creación de la Federal Steel Company
(Compañía Federal de Acero) y la fusión de la Carnegie Steel Company y varias
compañías más del sector del hierro y del acero para formar en 1901 la
Corporación de Acero de Estados Unidos. Se asoció con el empresario irlandés
William Pirrie, de los astilleros Harland and Wolff, para la fundación del
trust naviero International Mercantile Marine Company.
Luegó la mayoría de su colección de arte al Museo
Metropolitano de Arte de la ciudad de Nueva York. A finales de su carrera, a
principios de la primera década de 1900, él y sus socios tenían cuantiosas
inversiones financieras en muchas grandes corporaciones. En 1901 era uno de los
hombres más ricos del mundo. Murió en Roma, Italia, en 1913, dejando su fortuna
y negocios a su hijo, Jack Pierpont Morgan.
Creía que sofocar la competencia no era solo una forma de
ganar dinero, sino también una forma de poner orden en la economía. A través de
fusiones corporativas consolidó las industrias ferroviarias, del acero, la
electricidad, la agricultura y las telecomunicaciones y en 1907 desempeñó un
papel crucial para frenar el colapso de la economía estadounidense.
En Estados Unidos, en la segunda mitad del siglo XIX, un
grupo de hombres extraordinarios y controvertidos encabezaron la transformación
de este país de una república de granjeros y comerciantes a una superpotencia
propulsada a vapor.
Sus nombres -Vanderbilt, Carnegie, Rockerfeller- siguen
siendo sinónimos de fortunas colosales.
Para algunos, estos hombres fueron los heroicos empresarios
que hicieron grande a Estados Unidos. Para otros, fueron plutócratas que
llevaron a mujeres y hombres que alguna vez fueron independientes a depender
del tedioso trabajo asalariado:los "barones ladrones" que se robaron
el sueño americano.
A medida que la economía estadounidense avanzaba rápidamente
a lo largo del siglo XIX, nada simbolizaba más ese dinamismo en todo su caos
feroz que los ferrocarriles.
Los dueños de las compañías ferroviarias mintieron,
engañaron y sacaron del camino a otros para hacer sus fortunas.
Fue competencia empresarial en su estado más crudo. pero un
titán de los negocios, John Pierpont Morgan, quiso no solo ganar la competencia
sino detenerla, incluso si eso requería el mismo nivel de crueldad.
Cornelius Vanderbilt hizo su fortuna con los barcos, Jay
Gould con los trenes, Andrew Carnegie con el acero y John D. Rockefeller con el
petróleo. J.P. Morgan hizo su fortuna -mucho más modesta- con las fusiones
corporativas.
Los otros "barones ladrones" tenían la ventaja de
ser los más grandes en cada uno de sus sectores, pero aún así permanecían
vulnerables a los choques sistémicos de la economía.
J.P. Morgan, el primer banquero de la era moderna -o el
"disciplinador del mercado", como se le ha llamado-, se aseguró de
que ninguna empresa que fuera demasiado grande como para fracasar lo hiciera.
En 1885, Morgan usó su poder de intermediación con una
fuerza característica:para evitar una guerra de precios entre los dos
ferrocarriles más grandes de la costa este de EE.UU.
Carnegie financiaba al Ferrocarril Central de Nueva York
para construir una nueva línea que rompiera el monopolio que tenía el
Ferrocarril de Pensilvania sobre el transporte de su acero.